Este es un libro extraño. Se ha reimpreso varias veces en pocos meses, el boca-oreja funciona estupendamente, las alabanzas que acarrea (dejando aparte las pagadas de la contraportada) son abundantes. Uno, pues, se enfrenta a una obra reputada. Si sólo fuera cuestión de ventas, no habría problema: sería otro best-seller más. Pero, no. Las loas sobre su calidad y originalidad y su breve volumen lo alejan de dicha tipificación. Es, pues, otro libro, otra obra.Al terminarlo, sin embargo, pienso que yo me esperaba más, que no me fue dado. ¿La trama es original? Bueno, sí. Sea una rata con pensamiento de humano (al modelo de fábula tradicional, sólo que en prosa y por extenso), sea un humano en cuerpo de rata, como sugiere Eduardo Mendoza, este Firmin tiene una serie de avatares que no resultan habituales. ¿Su prosa es de calidad? Pues por tramos sí, y aunque la traducción del viejo Ramón Buenaventura parece fiel, no es como para descabalgar y prosternarse. ¿La trama nos comunica algo? Pues sí, cierto humor (a mí me ha resultado menos humorística de como se me había planteado), cierta tristeza, una tremenda soledad que planea por toda la obra, cierta desesperanza vital aliada con cierta misantropía, una matizada añoranza de otros tiempos, pinceladas de poesía mezclada con suciedad y decadencia. Todo ello es interesante, sin duda. Pero...
En realidad, en Firmin no sucede gran cosa que arrastre al lector a saber qué va a suceder, y las reflexiones del protagonista no me han parecido tan interesantes como para acudir volando a leerse el libro. De hecho, con lo corto que es, en algunos momentos se me hizo largo y estaba deseando acabar para ver en qué acababa la cosa.
Tal vez sea injusto con una obra que, además, trata de libros, de librerías, de solitarios lectores heridos de literatura, temas que me son especialmente próximos. Pero no me ha gustado demasiado, no.
En realidad, en Firmin no sucede gran cosa que arrastre al lector a saber qué va a suceder, y las reflexiones del protagonista no me han parecido tan interesantes como para acudir volando a leerse el libro. De hecho, con lo corto que es, en algunos momentos se me hizo largo y estaba deseando acabar para ver en qué acababa la cosa.
Tal vez sea injusto con una obra que, además, trata de libros, de librerías, de solitarios lectores heridos de literatura, temas que me son especialmente próximos. Pero no me ha gustado demasiado, no.

